-->

La Historia Olvidada siempre dando un paso adelante para que no se olvide el sufrimiento de nuestros antepasados por una sociedad mejor.

Un chico del Raval Roig pudo salvar la República.

José Alonso se recorrió los avatares de la historia de principios del siglo XX luchando siempre por sus ideales

1939: El Drama Del Puerto De Alicante.

Teniendo en cuenta que el Stanbrook tenia una capacidad estimada de unos 100 pasajeros y que llevaba alrededor de los 2600 el peligro de zozobra fue constante...

De España para los españoles.

A comienzos de los años 60, la emigración, por desgracia, continuaba creciendo........

Las Trece Rosas.

Las Trece Rosas, “que mi nombre no se borre de la historia”

Me obligaron a fusilar a republicanos.

Macabro relato de un soldado franquista: ‘Me obligaron a fusilar a republicanos’

LO ÚLTIMO:

El día en que Cataluña se separó de España

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, ha dicho al Gobierno sobre el referéndum del 1 de octubre que "Cataluña quiere recuperar el país que le robaron hace 80 años" y que también lo hace "por España" y "el resto de naciones sin Estado" que la conforman. Hacemos un repaso por la historia y recordamos aquel episodio. Companys proclamó de manera unilateral la República catalana, que apenas duró 10 horas.

Aquel verano de 1933 fue uno de los más largos que se recuerdan. Por supuesto, no es que el Gobierno de la República resolviera prolongarlo por decreto, retrasando, pongamos por caso, la estación más allá del equinoccio de otoño; no, la cosa no llegó a tanto. Pero, para buena parte de quienes vivían pendientes de los asuntos públicos -y no eran pocos entonces en España-, la sensación dominante era de que aquello se alargaba y se alargaba. Por más que la Constitución llevara ya año y medio en vigor, las Cortes seguían siendo constituyentes. Y ello era así porque el Gobierno, presidido por Manuel Azaña y formado por una coalición republicano-socialista de la que se había desgajado a finales de 1931 el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, consideraba que no procedía convocar de nuevo a las urnas hasta que toda la batería de leyes y reformas que derivaban del flamante texto constitucional estuviera aprobada.

Como es natural, ni la oposición de derechas ni los viejos aliados radicales opinaban lo mismo, y más teniendo en cuenta que a estas alturas de 1933 ya no quedaba casi nada importante que legislar. Pero tanto daba. La mayoría es la mayoría, y Azaña, sobra añadirlo, la tenía. Entre quienes seguían de cerca la actividad política y participaban de ese cansancio por la situación presente estaba el catalán Josep Pla, corresponsal en Madrid de La Veu de Catalunya, órgano de la Lliga Catalana de Francesc Cambó. El 6 de julio Pla escribía: "Si el calor continúa, dentro de pocos días en el ambiente político no se hablará de otra cosa que de las vacaciones parlamentarias. El Parlamento da la impresión de un agotamiento general, de un agotamiento total. Cada día asisten menos diputados y nada de lo que pasa adentro llega a interesar a la gente". Y el 14 del mismo mes era su paisano Gaziel quien se refería en las páginas de La Vanguardia a "la progresiva sensación de malestar y de interinidad que se experimenta en nuestra vida pública" y a la imperiosa necesidad de aliviarla. En el fondo, tanto uno como otro expresaban, bajo un prisma catalanista y conservador, lo que ya empezaba a ser por entonces una impresión bastante común: la de que el Gobierno presidido por Azaña había dejado de ser representativo del sentir mayoritario de los españoles.

Nuevo escenario electoral.
Pero, como quiera que una impresión solo tiene valor si se convierte en hecho, hubo que esperar a comienzos de septiembre para encontrar una salida al enquistamiento político. El resultado de las elecciones destinadas a completar el Tribunal de Garantías Constitucionales, donde 15 de sus 25 miembros debían ser elegidos por los ayuntamientos, demostró bien a las claras que la opinión del país distaba mucho de ser la que aún reflejaba la composición de las Cortes. Y, así las cosas, al presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, le faltó tiempo para retirarle la confianza a Azaña -algo que llevaba meses deseando- y abrir un período de consultas con los líderes políticos que acabaría derivando en la convocatoria de elecciones generales para el 19 de noviembre.

Esos comicios no fueron como los precedentes. Por un lado, eran los primeros que se celebraban tras la aprobación de la Constitución republicana y de las leyes que de ella emanaban. Por otro, el censo electoral se había más que duplicado, debido a la incorporación del sufragio femenino y a la rebaja de la edad de voto de los 25 a los 23 años. Y, en fin, si en junio de 1931 la izquierda había concurrido unida y la derecha notoriamente desperdigada, ahora era al revés, hasta el punto de que en determinadas regiones españolas la CEDA -la coalición construida en torno al partido de José María Gil-Robles, Acción Popular- se había aliado con los republicanos de Alejandro Lerroux.

Rufián pide que le devuelvan el país que le robaron hace 80 años

De resultas de todo lo anterior y de un sistema electoral que primaba a las mayorías, los partidos de derecha y de centro vencieron con relativa claridad en las urnas y, sobre todo, apabullaron en el Parlamento. En Cataluña, el resultado fue más ajustado que en el resto de España. Aun así, la victoria recayó igualmente en el centroderecha, o sea, en la Lliga y demás fuerzas coaligadas.

Lo cual supuso que, por primera vez desde el advenimiento del nuevo régimen, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), de Francesc Macià, tuviera que compartir el poder. No en la propia región, donde gobernaba en solitario desde el 14 de abril de 1931 y donde el 20 de noviembre de 1932 -una vez aprobado, tras una larguísima tramitación parlamentaria, el Estatuto de Autonomía- se había impuesto holgadamente en las elecciones al Parlamento regional, sino en el conjunto de España.

Porque, en adelante, los intereses de Cataluña en relación con el Gobierno de la República no iba a defenderlos ya únicamente Esquerra, también la Lliga. Y con mayor razón dada la afinidad ideológica entre las huestes de Cambó y las del nuevo Ejecutivo de Madrid, integrado por los radicales de Lerroux y apoyado en las Cortes por el bloque de derechas liderado por la CEDA -además de por la propia Lliga, claro.Cohabitación imposible. Pero la campaña electoral había dejado ya algunos indicios de que esa cohabitación no iba a resultar nada fácil si finalmente ganaban las derechas.

El 22 de octubre de 1933, durante un festival atlético celebrado en el Estadio de Montjuïc y en el que desfilaron 8.000 jóvenes uniformados de Estat Català -los famosos escamots-, partido integrado en Esquerra, Macià, que presidía el acto acompañado de Lluís Companys -primer presidente del Parlamento regional y reciente ex ministro de Marina-, proclamó lo siguiente: "Si a través de España triunfase una fuerza reaccionaria, Cataluña sería un baluarte inexpugnable. (...) Cataluña no permitirá que le sean retiradas las libertades obtenidas". Una afirmación que, aunque proferida en plena campaña y en olor de multitudes, daba sin duda que pensar.

Manuel Azaña con Lluis Companys en 1931.

Por un lado, el presidente de la Generalitat no podía concebir ni, por tanto, aceptar -él era Cataluña, no hace falta añadirlo- que el Gobierno de la República se hallara en otras manos que en las de la izquierda republicana; por otro, no estaba dispuesto a renunciar a nada de lo logrado en el campo del autogobierno. De lo que se seguía, claro, que una victoria de la reacción, es decir, de la derecha, iba a traer por fuerza aparejado un recorte de esas libertades catalanas.

En el fondo, esa idea de que la República española sólo podía ser gobernada por la izquierda era compartida por todos los grupos que habían ejercido hasta entonces el poder, con la excepción del Partido Republicano Radical de Lerroux y de la Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora y Miguel Maura. En la campaña misma, muchos líderes izquierdistas, al margen de las siglas que tuvieran detrás, habían insistido en ello. Y, ya desde antes incluso, dirigentes del Partido Socialista -Largo Caballero o el propio Prieto- habían ido más allá en sus discursos al renegar de la democracia liberal y de la propia República y abogar lisa y llanamente por la instauración de la dictadura del proletariado.

Con semejante panorama, no es de extrañar que la legitimidad de los gabinetes que iban a sucederse entre aquel mes de noviembre de 1933 y principios de octubre de 1934 -todos de centro y compuestos casi en exclusiva por miembros del Partido Radical- fuera puesta en duda de forma sistemática.

Cambio de tendencia 
Y tampoco lo es que sus integrantes recibieran por parte de sus adversarios políticos que ahora ocupaban los bancos de la oposición toda clase de invectivas. En ese nuevo contexto, y volviendo a las relaciones entre los gobiernos de la Generalitat y del Estado, el primer envite fueron las elecciones municipales celebradas en Cataluña el 14 de enero de 1934.

Se trataba de dirimir si los resultados de las legislativas de noviembre acarreaban también un cambio de tendencia en la política catalana o si, por el contrario, la relación de fuerzas en el ámbito local seguía siendo la que se había dado hasta la fecha en los principales ayuntamientos y en el Parlamento regional. Una semana antes de los comicios, en un banquete organizado en Barcelona en honor de Azaña y del dirigente socialista Indalecio Prieto, Companys -que por entonces ya había sustituido a Macià, fallecido el día Navidad de 1933, al frente de la Generalitat- declaraba, en respuesta a un comentario de Azaña asegurando que en ocho días tendrían un golpe de Estado de extrema derecha y a otro de Prieto afirmando que, con anterioridad, él haría otro de signo contrario: "Si todo esto no se clarea, proclamaremos en Cataluña la República catalana independiente". Al final, transcurridos ocho días, no hubo golpes de Estado ni la Liga ganó las municipales. Las ganó ERC, con lo que se afianzó la idea, formulada meses antes por Macià, de que Cataluña se había convertido en el "baluarte inexpugnable" de la República.

El segundo envite tuvo ya consecuencias más graves, acaso porque esta vez no se trataba de dirimir quién mandaba en Cataluña, sino de comprobar hasta qué punto la autonomía podía tensar la cuerda en su relación con el Gobierno central. La ocasión la puso la promulgación por parte del Gobierno de la Generalitat, en abril de 1934, de la Ley de Contratos de Cultivo, cuyo propósito era garantizar la estabilidad de los contratos entre propietarios agrícolas y jornaleros -agrupados en el Institut Agrícola Català de Sant Isidre, afín a la Lliga y la CEDA, los primeros, y en la Unió de Rabassaires, afín a ERC, los segundos-, sin descartar la posibilidad de convertir a estos últimos en propietarios de la tierra que cultivaban.

Como es de suponer, la aprobación de la ley fue interpretada por la patronal agrícola catalana como un ataque a sus intereses y como una injerencia de la Generalitat en un terreno, el social, en el que, a su juicio, no tenía competencias, aun cuando el Gobierno catalán y la mayoría que lo sostenía en el Parlamento autonómico opinaran justo lo contrario. De ahí que la Lliga instara al Gobierno de la República, presidido ya por el radical Ricardo Samper, que había sucedido en el cargo a Lerroux, a presentar un recurso de inconstitucionalidad al Tribunal de Garantías. Así lo hizo el Gobierno a comienzos de mayo, y un mes más tarde, el 8 de junio en concreto, el Alto Tribunal -donde centro y derecha tenían mayoría- dictaba sentencia y anulaba la ley.
Companys, presidente de la Generalitat, proclamó el "Estado Catalán de la República Federal Española" el 6 de octubre de 1934
La respuesta de la Generalitat y de Esquerra tardó apenas cuatro días en materializarse. El 12 de junio, pese a los intentos del presidente Samper por llegar a un acuerdo, el Parlamento regional aprobó una nueva Ley de Contratos de Cultivo que reproducía íntegramente la que el Tribunal acababa de anular. El desacato estaba servido. Pero hubo más.

Y es que la sesión se desarrolló en medio de una tensión considerable, propiciada por la concentración en los alrededores de la Cámara catalana de una turba compuesta por separatistas de Estat Català y rabassaires, que, aparte de vitorear a los suyos, intentaron agredir al portavoz de la minoría de la Lliga y hasta treparon por los muros del edificio con el propósito de asaltar el Parlamento. Mientras eso ocurría en Barcelona, en Madrid los diputados de ERC abandonaban las Cortes republicanas.

Esa tensión, que los dirigentes más radicales del conglomerado de Esquerra, el consejero de Gobernación Josep Dencàs y el comisario general de Orden Público Miquel Badia, habían ido alimentando en meses anteriores, lo mismo con manifestaciones multitudinarias que con declaraciones extemporáneas -lo cual, sobra decirlo, no era privativo, en aquella España, ni de ERC ni de la izquierda-; esa tensión no amainaría en verano. Como si el choque entre el Gobierno de la República y quienes se oponían a él tuviera que producirse tarde o temprano, tanto los separatistas catalanes como los socialistas españoles y los partidos y sindicatos de extrema izquierda fueron preparando, de forma más o menos coordinada, su revolución particular. Y la señal para llamar a la huelga general revolucionaria o a la rebelión pura y simple la hallaron en la crisis de Gobierno de comienzos de octubre, que se saldó con la vuelta de Lerroux a la presidencia y la entrada en el Ejecutivo de tres ministros de la CEDA.

El movimiento insurreccional no cuajó más que en Asturias -y algo en el País Vasco- y en Cataluña. Y así como en la región atlántica tuvo como protagonistas a los obreros socialistas, comunistas y anarquistas y se prolongó durante un par de semanas, en la mediterránea la iniciativa correspondió casi por completo al Gobierno de la Generalitat -el sindicato anarquista, ampliamente mayoritario, no se sumó al movimiento- y duró apenas diez horas. Puede afirmarse, por tanto, que en esta parte de España consistió en un golpe de Estado, aunque fallido -y nunca mejor dicho lo de Estado, pues lo que Companys proclamó aquel 6 de octubre de 1934 a las ocho de la tarde desde el balcón de la entonces plaza de la República y hoy de San Jaime fue el "Estado Catalán de la República Federal Española", o sea, el Estado dentro del Estado-.

El pronunciamiento había seguido a una movilización de los escamots de Estat Català, a los que se había provisto de armamento y de un plan de acción que debía desembocar en la toma y control de los puntos estratégicos de la capital catalana. Al final, las tropas del general Domingo Batet -no más de 400 hombres- se bastaron para reducir a los miles de patriotas que supuestamente habían salido a la calle. Eran las seis de la mañana del 7 de octubre cuando el presidente Companys, tras anunciarse por radio su capitulación, se rendía al comandante del Ejército que se había personado en el Palacio de la Generalitat para proceder a su arresto y al de todo su Gobierno. Atrás quedaban una cuarentena de muertos -entre ellos, ocho soldados-, un Gobierno encarcelado, una autonomía en entredicho y un ridículo tan espantoso como evitable.

'A tiros si hace falta'
Una determinada corriente historiográfica ha tendido a exculpar a Companys -o a exculparlo hasta cierto punto- en la crisis del 6 de octubre de 1934. Para esos historiadores, Companys, más que agente provocador, habría sido víctima de la situación y, en particular, de los manejos de su joven consejero de Gobernación y antes de Sanidad, Josep Dencàs. De los manejos y de los errores de apreciación, pues éste le habría garantizado el concurso de miles de voluntarios armados y, al final, no dieron la cara sino cuatro gatos, muchos de los cuales lo pagaron encima con sus vidas.Pero, además, Companys habría encabezado la rebelión y comprometido en ella a todo su gobierno para demostrar al sector separatista de su partido que nadie le ganaba en patriotismo. De ahí su reacción del sábado 6, después de la proclamación del Estado Catalán, cuando el doctor Soler i Pla, diputado en el Parlamento catalán, le besó emocionado: "Bueno, ya tenéis el Estado Catalán; ahora ya no me tacharéis de ser poco catalanista".Pero junto a esa visión existe otra, no necesariamente contradictoria. La aporta en una entrada de su diario el abogado y político Amadeu Hurtado, que ejerció en estos tiempos de consejero áulico de Macià y de Companys. Hurtado era el encargado de defender ante el Tribunal de Garantías, en nombre de la Generalitat, la Ley de Contratos de Cultivo y de mediar ante los presidentes de la República y del Gobierno. Pues bien, el 8 de junio Hurtado se entrevistó en Barcelona con Companys para trasladarle que, aun cuando la sentencia anulara la ley, el presidente Samper estaba dispuesto a aprobar una nueva versión del texto si se introducían en él unos pocos cambios. A lo que Companys contestó: "Nada. Estoy dispuesto a todo. Los recibiré a tiros, si hace falta". Y al preguntarle Hurtado a quién iba a recibir de este modo, añadió: "A todos los que vengan para apoderarse de la Generalitat". Para él, había llegado la hora de dar la batalla y hacer la revolución. Y si resultaba lo peor, o sea, "que Cataluña pierda y que algunos de nosotros dejemos en ello la vida (...), Cataluña gana, porque necesita sus mártires que mañana le asegurarán la victoria definitiva".
REDACTOR:   XAVIER PERICAY  -  27 SEP. 2017 11:08 - Quedan reservados los derechos del autor
 COMENTARIOS AQUI                                                    © Sobre el Autor
27 SEPTIEMBRE 2017 - PROPIEDAD DE: http://www.elmundo.es
PUBLICACIÓN DE:   Xavier Pericay Hosta
PARA: http://www.elmundo.es/cataluna/2017/09/27/59cb653b268e3e11028b464c.html
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFÍAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR ,  SON SOLO  PARA  SU DIFUSION SIN ANIMO DE LUCRO Y A TITULO INFORMATIVO , TIENEN LA OBLIGACIÓN DE CONSULTARLO Y COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los sitios y publicaciones a los que se enlaza desde esta página son solo propiedad de sus respectivos autores.
Si por un caso se considerara que vulnera algún derecho de autor, lo pueden comunicar por Email a gyc.publicaciones@gmail.com
Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

Un chico del Raval Roig pudo salvar la República.

José Alonso se recorrió los avatares de la historia de principios del siglo XX luchando siempre por sus ideales...  
No es que yo me caracterice precisamente por querer ser siempre políticamente correcto, pero tras hablar de un alicantino franquista en mi anterior artículo sentía que me tocaba hoy hacer lo propio con un republicano.

La elección ha sido fácil. Precisamente en esta ciudad nació uno de los mayores defensores de la Segunda República, precisamente quien posiblemente más cerca anduvo de evitar la terrible Guerra Civil que supuso su destrucción.

Pero como siempre me gusta hacer, empecemos por el principio. José Alonso Mallol nació un 20 de agosto de 1890 en el Raval Roig. Infelizmente, quedó huérfano de padre siendo niño, por lo que su madre tuvo que abrir una tienda de ultramarinos en el barrio para poder alimentar a su hijo.

A pesar de los impedimentos económicos, su madre procuró que fuera a la escuela y luego al instituto (actual IES Jorge Juan). Aquí empezó a juntarse con otros chicos de su edad, que al igual que él tenían ciertos problemas en aceptar el sistema político español de entonces.

En plena Restauración, España era una falsa monarquía democrática con elecciones constantemente amañadas que mantenían siempre a los mismos en el poder. Pocos eran los que se atrevían a criticar públicamente la situación, por lo que José y sus amigos decidieron editar por su cuenta un periódico distinto y republicano ‘El Luchador’.

Dicho diario fue un éxito, pues era diferente a los demás habidos en Alicante. Tanto sus noticias como artículos eran claramente críticos con el sistema. Ni que decir que recibieron censuras, extorsiones y amenazas. Pero el periódico se vendía y los chicos siguieron. Empezaron en la trastienda del comercio de José Alonso y acabaron teniendo toda una redacción en la Avenida de Alfonso El Sabio. Se convirtió en un mito del periodismo alicantino y siguió funcionando hasta la Guerra Civil.

En los años 20 José ya era un referente del republicanismo alicantino. Cuanto más iba agonizando la Dictadura de Primo de Rivera, la idea de la República cobraba más fuerza entre la población española. Alonso había estudiado derecho en Madrid y vivido en Valencia, por lo que tenía amigos y compañeros de lucha por todas partes.

La dictadura al fin cayó y se convocaron elecciones locales plebiscitarias. José se presentó junto a muchos de sus compañeros de ‘El Luchador’. Todos salieron electos concejales. Y no solo eso, la República fue declarada en Madrid. Al fin habían logrado vencer al sistema.

Durante los años de la República tuvo varios cargos y siguió ligado a partidos de izquierdas. Llegó a sufrir 2 intentos de asesinato en Sevilla, cuando intentaba acabar con la corrupción de unos caciques de la CNT. Dado a sus buenos resultados en dicha causa, el gobierno de Azaña le nombra Director General de Seguridad en el 36.

En su nuevo puesto, Alonso identificó rápidamente que una conspiración se estaba fraguando contra la República. Reconoció a la Falange como principal instigadora y ordenó la detención de varios de sus líderes, entre ellos José Antonio Primo de Rivera.

Pero para su desesperación, la mayor parte de sus informes de seguridad fueron obviados o ignorados. También recomendó reforzar la seguridad del político conservador José Calvo Sotelo. Sin embargo, dicho hombre fue asesinado y este hecho fue el desencadenante definitivo de la rebelión que dio lugar a la Guerra Civil.

Consciente de la inutilidad de su cargo, José Alonso acabó dimitiendo el 30 de julio. Fue entonces nombrado cónsul de España en la colonia francesa de Argelia. Su trabajo aquí no fue tampoco un campo de rosas ni mucho menos. Recibía amenazas constantes de simpatizantes franquistas y llegó a ser secuestrado, aunque logró escapar.

Viajó a Marsella en varias ocasiones y trató de convencer al gobierno francés para que socorriera a la República. Cuando ya todo estaba perdido, se trasladó una última vez a Alicante para sacar a su familia hacia Argelia.

Sin embargo, las penalidades no habían acabado aún. Poco después comenzó la Segunda Guerra Mundial y tras la invasión de la Alemania nazi a Francia, Alonso se convirtió en un ilegal. Huyó de Argelia hacia Marruecos, pero fue detenido en Casablanca.

El gobierno franquista pidió su extradición (muy probablemente para ejecutarle), pero el ejecutivo de Estados

Unidos pudo interferir para evitarlo. Desde ese momento, empezó a trabajar para el servicio secreto americano, ayudando a miles de refugiados españoles y judíos a salir de Marruecos hacia América y recalando información para el bando aliado.

Tras 3 años actuando como espía, en 1944 el gobierno americano por fin le dio un visado para que pudiera salir hacia México, donde le esperaba ya su familia. Aquí en el exilio pasó este héroe de la República sus últimos días.

Una vida que es el vivo retrato de la historia de España y el mundo en el siglo XX. Una vida que estuvo a punto de perder en no pocas ocasiones. Una vida de lucha por la democracia y la República, que bien pudo tener un final diferente si sus jefes le hubiesen escuchado más.

COMENTARIOS AQUI                                       © Web del Autor →
27 ENERO 2016 PROPIEDAD DE: alicanteactualidad
UN CHICO DEL RAVAL ROIG PUDO SALVAR LA REPÚBLICA
REDACTOR: David Rubio / @david_rubio7
PUBLICACIÓN DE: David Rubio / @david_rubio7
PARA: http://www.alicanteactualidad.com/opinion/un-chico-del-raval-roig-pudo-salvar-la-republica/
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFIAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR ,  SON SOLO  PARA  SU DIFUSION SIN ANIMO DE LUCRO Y A TITULO INFORMATIVO , TIENEN LA OBLIGACION DE CONSULTARLO Y COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los sitios y publicaciones a los que se enlaza desde esta página son solo propiedad de sus respectivos autores.

Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

El Fugaz Cantón Alicantino.


En 1868 una variopinta coalición de fuerzas liberales destronó a Isabel II. Cada una a su manera pretendió reformar la viciada vida política nacional y remontar la delicada crisis económica que laceraba España. . . .   

Sin embargo, los buenos propósitos naufragaron y los enfrentamientos civiles desgarraron el país. El 10 de febrero de 1873 un asqueado Amadeo I abdicó del trono español en su nombre y en el de sus descendientes, y al día siguiente el Congreso y el Senado reunidos en Asamblea Nacional proclamaron la República por 258 votos favorables contra 32 contrarios. A las 17:50 horas del miércoles 12 se recibió en Alicante el telegrama que lo notificaba. Desgraciadamente el nuevo régimen no trajo tampoco la anhelada estabilidad. Los propios republicanos se combatieron entre sí con dureza. Mientras tanto proseguía la agotadora insurrección en Cuba contra la autoridad española, con la complacencia de los Estados Unidos surgidos de la Guerra de Secesión, y en Cataluña, Navarra y el País Vasco el dominio territorial de los carlistas ganaba en extensión. En estas circunstancias no pocos apostaron por un retorno de la dinastía borbónica reformada de sus defectos más clamorosos.

En el mes de julio del atribulado 1873 Alicante ya disfrutaba del paseo de la Explanada, del templete del Casino (lugar de reunión de los jóvenes enamoradizos), de los cafés concurridos y de los placeres de los baños estivales en los balnearios del Postiguet. Sus fondas y casas de huéspedes ya alojaban muchos forasteros en la ya denominada “temporada veraniega”. Este lisonjero panorama fue turbado entre los días 20 y 22 de aquel mes por la aparición de la fragata Victoria, en manos de los republicanos cantonalistas de Cartagena. Con la colaboración de algunos de sus seguidores alicantinos proclamaron un fugaz Cantón que no duró más allá de la presencia de la Victoria en nuestras aguas. Pese a que el pulso normal del verano pudo recuperarse, los cantonales retornaron finalizada la estación, y el 27 de septiembre bombardearon Alicante durante seis intensas horas sin conseguir sus propósitos. Tales acontecimientos quedaron grabados en la memoria de los alicantinos de la época. Abordamos en este artículo la primera parte de este episodio histórico, la del Cantón de Alicante.

El cantonalismo.

Este movimiento político de resultados bien sonoros en la Historia de España ha sido enjuiciado con dura severidad. Emilio Castelar abrió el fuego dialéctico el 30 de julio de 1873 en las Cortes Constituyentes. El cantonalismo socavó desde dentro la I República en el momento más inoportuno, destruyendo toda posibilidad real de acceso a la democracia. Tambaleó la unidad nacional con la animación de los peores instintos separatistas de diversas localidades de la Piel de Toro. Ocasionó un desorden intenso, a veces identificado con la anarquía, aunque los internacionalistas coetáneos no siempre le dieran su apoyo. Claro que tampoco el cantonalismo pretendió disolver la integridad nacional. Si queremos entenderlo lo mejor es estudiar sus aseveraciones y acciones, prescindiendo en la medida de lo posible de las descalificaciones más interesadas.

Sus orígenes se encuentran entre los demócratas españoles de la animada década de 1850, plena de cambios económicos y sociales de gran trascendencia. Entre ellos se produjo una intensa desilusión por la ruta por la que moderados y progresistas condujeron al liberalismo, en exceso complaciente a su criterio con las supervivencias del Antiguo Régimen. Figuras como Roque Barcia se confesaron admiradores del impulso popular atribuido a las Juntas locales del siglo XIX, contrario a todo autoritarismo centralista, y creyeron que una verdadera revolución instauraría la verdadera democracia política, religiosa, civil, judicial y administrativa, que se concretaría respectivamente en el cese de toda forma de absolutismo, en la completa anulación de todos los privilegios de la Iglesia Católica, en la aniquilación de cualquier vínculo nobiliario, en el establecimiento del jurado y en la abolición de las contribuciones discriminatorias lesivas para las clases populares. Este radicalismo liberal, en un sentido muy alejado del que se le daría hoy en día, se ligó a la verdad religiosa del Evangelio de la Libertad, que contempló a Jesucristo como uno de los primeros demócratas. A estas influencias de corte protestante, tamizadas por los católicos liberales y los utopistas de la Francia de la II República, se sumaron las de los primeros socialistas, especialmente de aquellos que como Proudhon defendían el principio de la libre asociación por el que un individuo autorrealizado a través del trabajo formativo compartía libremente su vida con los demás en comunidad. Enemigos de toda desigualdad, no resulta extraño que pronto se declararan mayoritariamente republicanos.

Más que postular una sociedad de masas en la que tuviera la hegemonía la propiedad colectiva o la estatal, defendieron una de pequeños y medianos agricultores, artesanos y comerciantes, vecinos de pequeñas y medianas poblaciones, encarnación viva del activo pueblo español que fue capaz de realizar la Reconquista y de expulsar a las tropas de Napoleón sin implorar la ayuda de la aristocracia. Profundamente imbuidos de las grandezas de la Historia de España según la sensibilidad decimonónica, plena de mitos de amplias resonancias políticas, concibieron la Patria como el país de leyes benéficas para sus naturales al estilo de los enciclopedistas ilustrados. No en vano algunos de ellos sostuvieron que los españoles carecían de verdadera Patria, caso de Santiago Ezquerra en 1869.

La mejor forma de convertir España en Patria de los españoles pasaba por una revolución, alejado del mero motín, que trajera el progreso. Distanciaría España de toda sombra de despotismo oriental degradador de la condición humana, y la acercaría a la vida pública de las ciudades libres del antiguo Imperio alemán y de los cantones suizos, semillero de gentes industriosas y afables. Las primeras servirían de modelo y espejo ideal a las urbes andaluzas, tan ricas en recursos de todo tipo como degradadas por culpa de su ordenación social. Estos demócratas dieron por buenos y asimilaron los mitos históricos de los liberales germánicos, que reivindicaron Suiza como la cuna entre montañas de la libertad europea, personificada en la figura de Guillermo Tell. En consonancia asimismo con la asociación del federalismo con el liberalismo en los Estados Unidos, el modelo confederal suizo aplicado a España favorecería su conversión en un régimen avanzado, donde las localidades y las regiones gestionarían con limpia honradez sus asuntos particulares sin la intromisión corruptora de los agentes del centralismo. Esta confederación española, a la que sería invitada Portugal, reviviría las glorias de nuestros Estados medievales (como la prestigiada Corona de Aragón) y sería ejemplar para el resto de Europa, capaz de unificarse a medida que la democracia progresara entre sus naciones.

En noviembre de 1872 el Consejo Provisional de la Federación Española expresó que se conservaría la división territorial provincial mientras se formaran los cantones federales sobre la base de los antiguos reinos hispánicos, evitando peligrosas disputas en tiempos revolucionarios (al menos por el momento). En el seno del republicanismo ya se había consumado la división entre republicanos centralistas y federalistas, divididos a su vez entre un sector más gradualista y otro más radical, el de los cantonalistas que exigieron su derecho a la utopía.


En suma, los cantonalistas eran los federalistas radicales que en julio de 1873 se lanzaron a la insurrección en varios puntos de la geografía española en la línea de las Juntas que se remontaban a la Guerra de la Independencia, sin dejarse arrebatar el triunfo político por alguna triquiñuela parlamentaria o extraparlamentaria habitual en la historia política del XIX español, aunque con ello comprometieran la viabilidad del proyecto republicano. Sus aspiraciones de reforma social distaron de las posteriores del socialismo revolucionario, y se mantuvieron dentro del marco demoliberal pese a ciertas posturas anarquizantes en algunos puntos. Quisieron rehacer España desde su base local y social de manera voluntariosa, pero su resultado práctico trajo una situación caótica, lo que los descreditó a ojos de muchos de sus coetáneos y de generaciones venideras. El cantonalismo se convirtió en sinónimo de destrucción de la unidad española y de separatismo localista, aunque no pretendiera realmente ni lo uno ni lo otro.

Sus contrarios.
El cantonalismo fue descalificado desde las diferentes posiciones del abanico político. Era el inevitable resultado de los desmanes del liberalismo demócrata, encarnación de la anti-España, según los conservadores. Friedrich Engels lo despachó como la precipitada e irreflexiva insurrección de los burgueses republicanos ansiosos de repartirse cargos y honores locales, a la que prestaron su insensata cooperación los bakuninistas, blanco de su crítica, incapaces de llevar a buen puerto la revolución proletaria.

Incluso dentro del propio republicanismo se le impugnó de distintas maneras. Pi y Margall, gran intelectual, no discrepó de ellos en cuanto a los principios de reforma social asociados a la federación, consignados en la proyectada Constitución de 1873 (fruto de una laboriosa velada de Emilio Castelar), sino en la forma de aplicarlos. En calidad de ministro de la gobernación se opuso en febrero del 73 a la suplantación de los ayuntamientos por juntas revolucionarias y a las ocupaciones de campos en Andalucía, Extremadura y Castilla. Tuvieron una corta vida las juntas de Sax, Muchamiel, El Pinoso y Orihuela. Sólo en las Cortes residía la capacidad de legislar. Tras imponerse sus seguidores en las elecciones a las Constituyentes de fines de mayo, presidió el gobierno de la República, que se proclamó federal sin ambages el 7 de junio. Ante el estallido cantonalista optó por el diálogo y el intento de conciliación, retirando las autoridades civiles y militares de las poblaciones que se decantaron por el cantonalismo con la intención de evitar derramamientos de sangre entre correligionarios.

Estos buenos propósitos no lograron encauzar por una senda más constructiva la insurrección cantonal, y los más conservadores seguidores de Salmerón y Castelar se decidieron por una alternativa más enérgica. La declaración de los buques cantonalistas como piratas por el poder de Madrid el 20 de julio de 1873 consagró definitivamente la división entre las dos repúblicas españolas. Mientras la cantonalista fue víctima de su propio confederalismo y de las derivas localistas (amenazando Cartagena enarbolar la bandera estadounidense el 16 de diciembre de 1873 ante el bombardeo enemigo), la del gobierno de Madrid cada vez se volvió más centralizadora y autoritaria, no vacilando en emplear a fondo los recursos del Estado de excepción.

El 28 de octubre del 73 manifestó el Partido republicano-democrático, valedor de la República más autoritaria, su más absoluta repulsa por el cantonalismo que degradaba España a la condición del Norte de África de los corsarios berberiscos. Defensores de los derechos civiles y políticos conquistados en la Constitución de 1869, se presentaron como los mejores garantes del progreso nacional contra esta sangrante “africanización”. Fueron partidarios de la descentralización municipal y provincial, pero no de la confederación de Estados, pues implicaba la desigualdad foral auspiciada por los carlistas y la arbitrariedad de un pacto que podía ser quebrantado a voluntad por las diferentes partes. No se amilanaron en el uso de la fuerza militar y recibieron la ayuda puntual de las fuerzas más conservadoras, prefigurando algunos elementos del Partido Liberal de la Restauración.

La visión de los hechos.

El tratamiento del cantonalismo ha ido evolucionando desde el relato censurador al estudio más comprensivo con las circunstancias, en muchas ocasiones sin pretensiones exculpatorias. Alicante ofrece un acabado ejemplo de todo ello.


En 1873, ya pasada la amenaza cantonalista, se publicó en nuestra ciudad 'Las fragatas insurrectas y el bombardeo de Alicante. Reseña de los sucesos ocurridos en esta ciudad desde el 20 de julio hasta el 31 de octubre del mismo año'. Era una obra de combate político, al igual que la de Constantí Llombart sobre el Cantón de Valencia. Gossart y Seya la imprimió, y su autor fue un redactor de El Constitucional, individuo correspondiente de la Academia de la Historia, que no era otro que nuestro conocido cronista y político progresista Nicasio Camilo Jover, nombrado secretario interino de la diputación provincial el 21 de octubre de 1870. Prefirió ocultar su identidad para reforzar su pretensión de ofrecer un relato objetivo de lo sucedido, consignando los documentos oportunos y absteniéndose de todo comentario por extenso. Su tono ya avanza el triunfo del positivismo en España. Sin embargo, sus intenciones distaban de ser neutras. La gravedad de los acontecimientos que relata con soltura le permiten resaltar su negatividad con expresiones como “Escusamos comentarios acerca de ese documento, en que con tanto cinismo se hacen las más falsas afirmaciones”. Por debajo de su contenida narración late su deseo de ensalzar a Alicante como la plaza fuerte de la sensatez política de España, haciéndose benemérita a toda la nación en una gesta digna de la de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia. Asoma el veterano historiador romántico de la Terreta de 1863 y el político que prestó su colaboración al ministro de la gobernación bajo Salmerón y Castelar, Eleuterio Maisonnave, que en su alocución del 21 de julio de 1873 en las Cortes ya estableciera la interpretación canónica de los hechos, la de la unanimidad alicantina en contra de los invasores cantonalistas (aunque Jover no dejara de reflejar las discordias entre los respublicanos alicantinos). El diario de don Nicasio Camilo, el progresista El Constitucional, apoyó a los republicanos más conservadores en la defensa del orden público y de la propiedad ante la agitación de las masas indoctas conculcadoras de la ilustración, la civilización y el progreso, a su entender. Entre los puntos fuertes de la versión de Maisonnave publicitada por Jover encontramos la hábil ligazón con el patriotismo local de Alicante, su épica narración y su aparición madrugadora en el 1873. La representación ese mismo año en Madrid de La Cruz Roja en Alicante, de Juan Alba, formó parte de una bien orquestada campaña propagandística. La anónima relación Episodios internacionales y cantonales en 1873 por un testigo ocular, publicado en el Alicante restauracionista de 1878, no le enmendaría la plana.

Su influjo todavía se dejó sentir a la altura de 1983, cuando el periodista del diario Información Fernando Gil Sánchez dedicó al episodio cantonalista dos de los veinticinco capítulos de su entrañable coleccionable Alicante de la A a la Z, todo un epistolario de cartas de amor a nuestra ciudad, que hoy en día aún leemos con gusto. Entre el final del franquismo y el inicio de la transición a la democracia creció el interés por el estudio del cantonalismo, tratado con mesura por el hispanista Hennessy. Tanto Vicente Martínez Morellá como Vicente Ramos aportaron nuevos documentos y recomendaron el estudio sereno de los archivos locales y nacionales. Corresponde a la profesora de la Universidad de Alicante Rosa Ana Gutiérrez Lloret el mérito de haber renovado desde 1985 el canon de Maisonnave-Jover, analizando con metodología moderna el republicanismo alicantino en sus facetas sociales y organizativas, y profundizando en el estudio de sus divisiones internas. Hoy en día ya no contemplamos los sucesos de 1873 bajo una luz maniquea, ya que los ricos y chillones matices de aquel año invitan a los historiadores a una observación más atenta.

Publicado por Alfredo
La accidentada llegada de la República
PARA CONTINUAR LEYENDO LA SEGUNDA PARTE DEL ARTICULO DIRIGIRSE A:

REDACTOR: VÍCTOR MANUEL GALÁN TENDERO Fotos: Alicante Vivo


ORIGEN DEL ARTICULO: http://www.alicantevivo.org/2011/12/el-fugaz-canton-alicantino-parte-1.html
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFIAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR ,  SON SOLO  PARA  SU DIFUSION SIN ANIMO DE LUCRO Y A TITULO INFORMATIVO, PARA VER EL ARTICULO COMPLETO TIENEN EL DERECHO Y LA OBLIGACION DE CONSULTARLO Y COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los sitios y publicaciones a los que se enlaza desde esta página son solo propiedad de sus respectivos autores.
Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

El desenlace del 1 de Abril del 1939.

El puerto de Alicante con las tropas italianas en formación con cañones apuntando a la multitud que se encuentran detrás de los coches abandonados y a la derecha el barco nacionalista Vulcano. .
 1 DE ABRIL 1939.
 Hoy es un día marcado con sangre en el calendario y corazón de la historia..¡Que su lucha no sea en vano!.

Tal día como hoy en Alicante:1 de abril de 1939 pasa la madrugada y empieza a amanecer en Alicante, de repente otra silueta aparece, la gente del puerto aprecia unas luces que se acerca por el mar ¡un barco...un barco...! grita la multitud agolpada en el puerto. 

Todos ríen, se abrazan, alzan sus armas y disparan al aire con motivo de felicidad. De repente aviones italianos aparecen en el cielo de Alicante de nuevo. 
El terror se apodera de la gente que hace que muchos se tiren al mar para llegar al barco a nado, desgraciadamente se trataría del Vulcano un buque nacionalista que apresuradamente se cruza en la entrada del puerto y con sus cañones abre fuego por encima de la multitud agolpada en el puerto. 

El pánico es mayor ya no pueden entrar barcos, la gente intenta salir del puerto pero ven que hay más gente corriendo en sentido contrario gritando ¡ya están aquí...ya están aquí! el ejercito italiano se ha adentrado en la ciudad y rápidamente toman el puerto colocando varias piezas de artillería y ametralladoras en dirección a la gente que intenta salir del puerto, dejando totalmente atrapados a más de 20.000 republicanos, en los que ante esta desesperación muchos optan por arrojarse al agua para ahogarse, las armas que poco minutos antes eran usadas como celebración ahora son usadas para suicidios y otros optarían por dejar su suerte en manos de los fascistas.
ORIGEN DEL ARTICULO:  https://www.facebook.com/llunavermella.pina
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFIAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR Y SON SOLO A TITULO INFORMATIVO MAS TIENEN LA OBLIGACION DE CONSULTARLO COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los sitios y publicaciones a los que se enlaza desde esta página son solo propiedad de sus respectivos autores.
Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

1939: El Drama Del Puerto De Alicante.

Teniendo en cuenta que el Stanbrook tenia una capacidad estimada de unos 100 pasajeros y que llevaba alrededor de los 2600 el peligro de zozobra fue constante. . .  

Antes de entrar en el tema en cuestión, cabe recordar que fue en Alicante donde se tejieron los hilos de la conspiración para dar el golpe de estado el 18 de julio de 1936. Se celebraron reuniones y se trazaron los mecanismos de la rebelión. Fue en el cuartel de dicha ciudad donde algunos oficiales presionaron al gobierno militar para que declarasen estado de guerra y paralelamente, el Capitán General de Valencia y el gobernador Civil pedían lealtad a la República. ¿Qué ocurrió? Se acuartelaron esperando los acontecimientos que consideraban inmediatos pero no fue hasta el día 24 que este se levantó y consecuentemente se dio orden de detención de aquellos oficiales del regimientos partidarios de la rebelión. Entrados ya dentro del periodo de guerra, en la ciudad de Alicante existía el temor a los bombardeos y fue en los primeros meses del 1937 cuando se organizaron los refugios de la capital. En aquellos momentos se tejió la defensa aérea de la ciudad, pues los nacionales tenían como objetivo las fábricas de armas de la ciudad, que suponían la principal actividad de la ciudad. El año 1938, la escasez de alimentos se incrementó y los nacionales ganaron la ofensiva contra Cataluña en el Ebro. Entrados en el mes de enero del 1939, éstos ocuparon la ciudad de Barcelona y para una gran parte de la población la guerra había terminado. En resumen, y como idea principal cabe destacar que los últimos meses del año 1938 y los dos primeros meses del 1939 estuvieron marcados por una serie de hechos bélicos que supusieron un golpe muy duro para la República.

A finales de febrero y principios de marzo de 1939, Negrín, desde su centro de mando conocido por los mandos como la Posición Yuste, intentó convencer a los generales republicanos para prolongar la resistencia de la ciudad de Alicante. La división de opiniones de los republicanos era evidente y el 4 de marzo, Segismundo Casado, comandante republicano del Centro optó por acabar con el problema que hacia tres años que estaba en pie y formó el Consejo de Defensa Nacional contra Negrín, que había vuelto hacia un mes de Francia con la vaga esperanza de que empezara la guerra Europea y así, la República se salvase. Casado tenía el apoyo de un sector socialista, de todos los republicanos y de gran parte de los anarquistas[1]. Esto desencadenó una segunda guerra civil dentro de el bando republicano, ya que este, recibió más apoyo de los que esperaba. Aun así, sus planes fracasaron y los nacionales fueron ganando territorio declarando Franco el día 1 de abril del 1939: << En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, nuestras tropas victoriosas han alcanzado sus últimos objetivos militares>>

Al día siguiente finalizó el Consejo de Ministros y fue la marcha del gobierno, pero la dirección del Partido Comunista intentó organizar una zona alrededor de la zona de Cartagena, Murcia y Alicante que junto con el Frente Popular pedían ayuda a todo el pueblo para luchar contra los fascistas [2].

El golpe de Casado, que ya hemos citado anteriormente, supuso que la mayoría de las autoridades civiles y militares fueran, o bien destituidas o encarceladas. Además, se corrió el rumor de que el puerto de Alicante, bajo la tolerancia del bando franquista, sería la puerta de salida del país[3]. En esos momentos Manuel Rodríguez se hizo cargo del Gobierno Civil, y por tanto del control político de Alicante. Lo que se produjo fue un vacío de poder que supuso que la situación se volviera insostenible y que no quedara más poder que el militar en la ciudad. ¿Qué es lo que se hizo? Se ordenó una evacuación, pero esta fue hecha a dedo, y grupos como los comunistas no tuvieron esta opción. El día 25 de marzo se supo que había podido acabar las negociaciones que estaban en pie entre el Consejo Nacional de Defensa y el gobierno de Burgos, es por eso que podemos decir que el mes de marzo estuvo lleno de altibajos que hacían entrever que el final de la guerra se acercaba. El día 28 las tropas de Franco ocupaban Madrid y llegaban a Alicante miles y miles de personas.

En ese contexto fue cuando la miseria, la escasez y el hambre que hacia años que sufrían creció. Casi todas las actividades fueron interrumpidas. En los periódicos del día siguiente se informaba de la capitulación de Madrid y en el Avance publicaban: << un potente ejército, que tiene moral y que defiende, con la vida de los combatientes la libertad y la independencia de España, cuajado en guerra, no desertará su deber ni traicionará al Consejo Nacional de Defensa y a las necesidades que le dieron la vida>> Es decir, Alicante se convirtió en el último reducto republicano en caer en manos del franquismo. Pasemos, pues, a analizar los hechos que ocurrieron en el puerto alicantino.

El puerto del Alicante: de la esperanza a la desolación

Desaparecidos los frentes, los republicanos optaron por escapar de la segura represión que les vendría encima. Corrió de boca en boca que el puerto de Alicante era el sitio ideal para escapar del enemigo, esto se basaba tanto en la supuesta presencia de barcos británicos y franceses para el exilio como en las promesas del general Casado de respetar un tiempo mínimo para la evacuación. Para el 28 de marzo de 1939 ya se habían extendido los susurros sobre el puerto de Alicante y centenares de militares y civiles acudieron allí desde todos los frentes. No obstante, la ciudad se había convertido en un espacio donde reinaba el desorden y la confusión. Entre los miles de refugiados todos tenían alguna noticia cierta que contar y todos se creían las más inverosímiles; ya que todos esperaban lo que no se produciría, el exilio.

Llegó, entonces, una riada humana al puerto alicantino. Para su sorpresa, vieron que no existía ningún barco, excepto los destruidos por los bombardeos franquistas y los que volaron los republicanos para que no cayera en manos del enemigo. Empezó a extenderse el desánimo, que se acrecentó cuando la multitud se enteró que el Stanbrook y el Maritime, los últimos y únicos barcos de exiliados, ya habían zarpado. En este contexto, algunos protagonistas de los sucesos llegaron a pensar que en caso de que algún barco llegará se produciría una catástrofe. Se iniciaría una batalla campal para embarcar, hecho que no hubiera sido extraño si tenemos en cuenta que muchos iban armados y la desesperación iba in crescendo: delante el mar y detrás un enemigo que más que avanzar se pasea sin resistencia alguna.

Se calcula que acudieron al puerto de Alicante alrededor de 15.000 personas para encontrar la salvación. No parecería raro que reinara el desorden, pero para que esto no ocurriera se intentó crear una especie de organización militar y se formó una improvisada Junta de Evacuación, integrada por todas las representaciones políticas y sindicales del puerto. El propósito de ésta era la de encuadrar a los militantes correspondientes para elaborar un plan de embarque y organizar la vigilancia. Para dicho propósito se entablaron contactos con la Comisión de Ayuda y con la Comisión Internacional, encabezada por el diputado francés Charles Tillon. En este instante, dicha comisión hizo saber que los barcos estaban cerca y que llegarían durante la noche, hecho que se produjo. No obstante, el barco que llegó dio la vuelta sin acabar de entrar en el puerto; esto se repitió la noche del 29 y del 30. Mientras, siguieron llegando rezagados al puerto y recién entrada la noche del 30 también llegaron las tropas de la División Littorio a la ciudad, encabezadas por el general Gambara. La situación de desesperación era máxima: la comida escaseaba, los nervios a flor de piel esperando barcos que llegan pero se retiran y el suicidio de gente que prefiere morir a ser prisionera o que, simplemente, no soporta más la tensión. Además, los franquistas habían interceptado un telegrama que decía: << Por orden del Comité Internacional de Ayuda a España, llamamos a todos los barcos mercantes en ruta a que entren al puerto de Alicante a recoger refugiados >> [4].

Como hemos visto algunos barcos llegaron, pero por diversos motivos dieron media vuelta. En primer lugar, no se presentaron los barcos de la Marina de guerra francesa y británica para proteger a los mercantes. Además muchos capitanes al recibir la información de la ingente cantidad de personas que había en el puerto y la posibilidad de una batalla campal, decidieron retirarse, necesitaban unas garantías mínimas. Muertos los ánimos, la mañana del 31 se avistó un barco, pero la decepción fue máxima al descubrir que se trataba de un minador franquista. Franco había ordenado el bloqueo del puerto de Alicante a cualquier barco que no fuera su aliado. Pasado el mediodía, otros dos minadores llegaron con sus respectivas tropas que desembarcaron a la tarde. Nadie saldría del puerto.

Las tropas españolas exigieron entonces la entrega de los prisioneros o dispararían indiscriminadamente, cosa que sucedió hasta tres veces. Empezaron, una vez más, las deliberaciones sobre si suicidarse, dejarse matar ahí mismo o entregarse; la gran mayoría optó por la última opción. Antes, tiraron las armas, joyas, relojes, especias como el azafrán y todo lo de valor al fondo del mar para que no cayese en manos enemigas. Finalmente, a las seis de la tarde empezó el éxodo del puerto que finalizó a la mañana siguiente. Las mujeres y niños fueron conducidos a los cines de la ciudad mientras que el resto se dirigió hacía el camp dels Ametllers. Mientras desfilaban en silencio hacía un destino incierto, si bien era seguro que les esperaba la muerte, la prisión o campos de concentración, se escuchaban detonaciones que indicaban nuevos suicidios o actos de camaradería.

En los últimos días de ese mes de marzo la Junta había estado negociando con los cónsules de Francia, Bélgica y Argentina para el establecimiento de una zona neutral en el puerto; y el gobierno mejicano estaba comprometido a acoger a todos los exiliados. En un primer instante pareció una realidad factible, hasta aceptada por Gambara, pero el general Franco había negado dicho pacto aludiendo a que todas las personas del puerto eran prisioneros de guerra.

Hemos visto hasta ahora los movimientos finales de la Guerra Civil, el drama del puerto de Alicante con el intento de exilio de miles de republicanos. Pasemos, entonces, a analizar el viaje de los exiliados que si tuvieron suerte; los pasajeros del Stanbrook.

El Stanbrook

Era uno de los dos barcos que se encontraban en el puerto de Alicante el día 28 de Marzo de 1939, y su cometido era el de evacuar a tantos refugiados como pudiera. La República tenia contratos con diferentes navieras para transportar a sus fieles al exilio, la “Mid Atlantic Company y la “France Navegation” tenían que mandar diferentes barcos para transportar a los exiliados, pero se basaron en unos supuestos impagos para no llevar a cabo lo pactado. Por tanto llega el día 28 y solo hay dos buques atracados en el puerto para evacuar la ciudad, donde no menos de 15.000 personas estaban esperando en las instalaciones del puerto para lograr un pasaje que los llevara al exilio. [5] Entre el pasaje, había sobre todo intelectuales militares y técnicos que habían permanecido durante el conflicto como asesores o periodistas. El viaje del Stanbrook hasta el puerto de Orán fue lastimero, sobrecargado, viajando en la noche evitando cualquier encuentro con la armada franquista, fue atacado por un avión nada mas zarpar que por suerte no tuvo consecuencias.

Teniendo en cuenta que la capacidad estimada era de unos 100 pasajeros y que llevaba alrededor de los 2600 el peligro de zozobra fue constante, durante las 22 horas que duro el trayecto, un trayecto que en condiciones normales se hubiera realizado en un espacio menor de tiempo. Pero la llegada al puerto de Orán no fue la esperada, las autoridades de la ciudad tenían ordenes del gobierno Déladier de no recibir mas refugiados españoles, y estos impidieron el desembarco del pasaje. No fue el único barco al que se le impidió desembarcar, sino que otros buques salidos en los últimos días de la costa española también esperaban para poder realizarlo. A no ser que se tuviera previsto trasladarse a otro país, o ser personaje importante, las autoridades no autorizaron desembarco alguno, y lo mejor de todo es que estaban condenados a permanecer en el barco “sine die” en unas condiciones infrahumanas. El buque permaneció en puerto durante mas de un mes, en el que el pasaje fue desembarcando en pequeños grupos (mujeres y niños principalmente), hasta que alguien se hiciera responsable del mantenimiento de los refugiados antes de su desembarco, unos gastos que en un primer momento se fijaron en 250.000 francos , aunque luego se rebajo la cantidad hasta los 170.000 que finalmente fueron abonados por el SERE[6] y fue cuando la mayoría del pasaje desembarco. La historia del Stanbrook acabó en 1939 a las puertas del puerto de Amberes donde un submarino alemán lo hundió, pereciendo el pasaje entero, incluido el capitán Dickson. Este barco fue la salvación para mas de 2000 republicanos.

Elisa Bondía Suñé

NOTAS:

[1]. Preston, P. La Guerra Civil Española. Editorial Base. Barcelona (2013) p:315-318

[2]. Ramos, V. La guerra Civil en la provincia de Alicante. Tomo III. Ediciones Biblioteca Alicantina. Alicante (1974) p.148

[3]. Santacreu Soler, José Miguel; Mainar Cabanes, Eladi; Llopis Sendra, Robert, Gandia i el seu port, març de 1939: el penúltim acte de la Segona República espanyola.

Santacreu, J.M Una presó amb vistes al Mar. El drama del port d’Alacant, març de 1939. Tres i quatre. Valencia (2008) p: 157-203

[4]. Santacreu, J.M Una presó amb vistes al Mar. El drama del port d’Alacant, març de 1939. Tres i quatre. Valencia (2008) p: 184

[5] Fuente: J. B. VILAR, “La última gran emigración política española …”, Anales de Historia Contemporánea, no 2 (1983), p. 276.

[6] Servicio de Evacuación de Refugiados


Written By: ElAgitador+|
11 Feb ’15|
Posted In: Grand Tour
ORIGEN DEL ARTICULO: http://www.bajoaragonesa.org/elagitador/1939-el-drama-del-puerto-de-alicante/
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFÍAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR Y SON SOLO A TITULO INFORMATIVO MAS TIENEN LA OBLIGACIÓN DE CONSULTARLO COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

El 18 de julio no fue un golpe a la democracia.

Un día como un 18 de julio en 1936, guarniciones y ciudades de la España peninsular se unieron al alzamiento iniciado por fuerzas militares el día anterior en África. Empezaba la Guerra Civil Española.
Cosas que posiblemente no te han explicado sobre la Segunda República.

El 18 de julio no fue un golpe a la democracia: ya la habían matado al asesinar a Calvo Sotelo

Esto es lo que dijo entonces de la Segunda República la izquierda que ahora la ensalza.

Después de tantos años, y con los datos que conocemos a día de hoy, ya va siendo hora de revisar dos mitos: que el 18 de julio fue un golpe contra la República y que el bando contrario defendía la democracia. Ciertamente, fuerzas como la Falange o los Requetés, que aportaron un considerable contingente de voluntarios a las filas de los alzados, no tenían ninguna simpatía ideológica por el sistema democrático. Sí que lo tenía la derecha parlamentaria, muchos de cuyos simpatizantes también se sumaron al alzamiento. La derecha parlamentaria, especialmente la CEDA, creía en la democracia pero fue expulsada de ella por una izquierda muy radicalizada.

La radicalización de la izquierda y su desprecio por la democracia
De hecho, esa izquierda radical demostró un escaso respeto por la democracia. Recordemos que en 1917 los comunistas habían abortado la naciente democracia rusa con un golpe de Estado, tras el que instauraron una brutal dictadura que en seis años asesinó a más de un millón de personas por motivos políticos o religiosos, emprendiendo una brutal represión contra las iglesias cristianas y lanzando una política de incautaciones que acabó matando de hambre a entre 3,8 y 6 millones de personas. En Alemania, la recién nacida República de Weimar tuvo que enfrentarse en sus primeros meses de vida a un golpe de Estado de los espartaquistas (así se llamaban entonces los comunistas alemanes) que se saldó con miles de muertos y estuvo a punto de empujar al país a una Guerra Civil. Otro país democrático, la Segunda República polaca, tuvo que hacer frente a una invasión bolchevique, ordenada por Lenin para imponer el comunismo en el resto de Europa. En Alemania, el Partido Comunista Alemán y el Partido Nacional-Socialista compitieron en matonismo para desestabilizar la República de Weimar, un objetivo en el que incluso se unieron desde las instituciones: de 241 cuestiones votadas en el Reichstag y en el parlamento de Prusia en 1929 y 1930, nazis y comunistas votaron juntos en el 70% de las ocasiones.

El extremismo antidemocrático del PSOE de Largo Caballero

En España, el panorama que presentaba la izquierda no era mucho mejor. Había una izquierda democrática, llamada “burguesa” por sus vecinos de escaño socialistas y comunistas, que de demócratas tenían poco o nada. En 1910 Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE, ya había amenazado de muerte desde la tribuna de las Cortes al dirigente conservador Carlos Maura: “hemos llegado al extremo de considerar que antes que Su Señoría suba al poder debemos llegar al atentado personal”. Ya en los primeros meses de la República, ante la mera posibilidad de que la falta de apoyos parlamentarios obligase a disolver el primer gobierno de izquierdas, el socialista Francisco Largo Caballero, entonces Ministro de Economía, amenazó con una guerra civil en unas palabras pronunciadas el 23 de noviembre de 1931: “No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. Cada vez más radicalizado, en febrero de 1933 Largo Caballero advirtió de lo que pasaría si el PSOE no ganaba las elecciones:“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera”. En julio Largo Caballero se declaró partidario, sin rodeos, de una dictadura socialista, y en el periódico oficial del PSOE lo proclamaron a toda plana:

Segunda página de la edición de El Socialista, periódico oficial del PSOE, del 25 de julio de 1933

En noviembre de 1933, poco antes de las primeras elecciones en las que podrían votar las mujeres, el líder del PSOE abogaba por una “dictadura del proletariado”, con el argumento de que una mayoría burguesa en las urnas sería una “dictadura”:

Página 2 de la edición de El Socialista, periódico oficial del PSOE, del 15 de noviembre de 1933

El PCE se proponía instaurar una dictadura comunista ya en 1932

La posición del Partido Comunista de España, a las órdenes de Moscú (es decir, de Stalin) era casi idéntica a la del PSOE. El 7 de agosto de 1931, el diario Pravda, órgano oficial del Partico Comunista de la URSS, afirmó que el gobierno de republicanos y socialistas en España era “tan parecido a una dictadura militar como un huevo a otro”. En la misma línea, Manuel Hurtado Benítez, delegado del PCE ante el XII Pleno de la Internacional Comunista, declaró en 1932: “La contrarrevolución encarnada en Azaña y Largo Caballero se desenmascara más y más ante las masas” (…) El Partido Comunista de España consciente de la responsabilidad histórica que pesa sobre él, lucha con todas sus fuerzas por el derrumbamiento del poder burgués y por la instauración en España del poder de los Soviets.“. Es decir, que el PCE no tenía el más mínimo interés en sostener un régimen democrático: pretendía, sin rodeos, imponer una dictadura comunista en España.

El PSOE llamó a una ‘bendita’ guerra tras perder las elecciones de 1933

El 19 de noviembre de 1933 la CEDA ganaba las elecciones con 115 escaños, seguida del Partido Radical, con 102, y el PSOE, con 59. Sin esperar a que se formase un gobierno, los anarquistas de la CNT iniciaron el 8 de diciembre un sangriento levantamiento golpista (disfrazado de huelga general), que se saldó con 89 muertos y 163 heridos, atentados con explosivos, destrucción de archivos, quema de iglesias, atentados contra vías férreas, puentes, líneas telegráficas y telefónicas y el descarrilamiento provocado del tren rápido Barcelona-Sevilla en Punzol (Valencia), un atentado terrorista que asesinó 23 pasajeros, dejando 38 heridos. Las amenazas de la izquierda de lanzar una insurrección armada si la CEDA llegaba al gobierno tras ganar las elecciones llevaron al Presidente de la República, Alcalá Zamora, a ignorar los resultados electorales y encomendar la formación de un gobierno a Lerroux, líder del Partido Radical. A pesar de ello, la izquierda continuó con sus amenazas. El 25 de septiembre de 1934, el periódico del PSOE decía en portada: “Renuncie todo el mundo a la revolución pacífica, que es una utopía. En período revolucionario no hay país que no esté en guerra. Bendita la guerra contra los causantes de la ruina de España“.

Finalmente la CEDA llegó al poder y el PSOE respondió con un golpe de Estado

La CEDA se resignó ante la situación forzada por la violencia izquierdista, pero en otoño pidió a Lerroux poder entrar en el gobierno. Ante la llegada al gobierno de la derecha que había ganado las elecciones, el 5 de octubre el PSOE cumplió sus amenazas y dio un golpe de Estado, disfrazado de huelga general revolucionaria y que sólo tuvo cierto éxito en Asturias. Ya sólo en el principado, la intentona golpista se saldó con varios cientos de muertos, entre ellos 300 militares y agentes de las fuerzas del orden y 33 sacerdotes y religiosos asesinados por los golpistas, que además destruyeron 17 iglesias y 40 edificios religiosos, así como docenas de fábricas, puentes, casas y edificios públicos. En Cataluña, Lluís Companys, dirigente de ERC, aprovechaba para dar un golpe separatista que se saldó con 107 muertos. De cara a las siguientes elecciones de febrero de 1936, buena parte de los mensajes de la izquierda iría encaminado a prometer una amnistía general, es decir, la impunidad para los golpistas.

La izquierda amañó las elecciones de 1936 para hacerse con el poder

Hace poco los historiadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García han probado con documentos oficiales que en febrero de 1936 la izquierda dio un pucherazo en toda regla para hacerse con el poder. Lo que vino después de esa masiva trampa electoral fue una ola de violencia sin precedentes, resumida el 16 de junio de 1936 desde la tribuna de las Cortes por José María Gil Robles, jefe de la CEDA: “Habéis ejercido el poder con arbitrariedad y total ineficacia. Los datos estadísticos lo prueban: desde el 16 de febrero hasta el 15 de junio último un resumen numérico arroja los siguientes datos: iglesias totalmente destruidas, 160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos e intentos de asalto, 251; muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1.287; agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan, 215; atracos consumados, 138; tentativas de atracos, 23; centros políticos y particulares destrozados, 69; idem asaltados, 312; huelgas generales, 113; huelgas parciales, 228; periódicos totalmente destruidos, 10; asaltos a periódicos e intentos de asaltos y destrozos, 33; bombas y petardos que estallan, 146; recogidos sin estallar, 78″,

El secuestro y asesinato de un líder derechista amenazado por el PSOE

Ese mismo día, el dirigente del partido derechista Renovación Española, José Calvo Sotelo, respondía al clima de violencia y a las amenazas de la izquierda: “Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: ‘Señor, la vida podéis quitarme pero más no podéis”. Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio”. Su intervención era contestada con una amenaza por la diputada comunista Dolores Ibárruri: “Este hombre ha hablado por última vez”. No sería la última amenaza lanzada desde los escaños de la izquierda en las Cortes contra la oposición de derechas. En la sesión parlamentaria del 1 de julio, el diputado del PSOE Ángel Galarza amenazaba a Calvo Sotelo: “Pensando en Su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”. A pesar del tumulto que se formó, el diputado socialista se negó a retirar sus palabras. El 13 de julio se cumplió la amenaza: fuerzas policiales afines al PSOE y a las órdenes del gobierno secuestraban a Calvo Sotelo en su domicilio, tras haber intentado secuestrar al jefe de la oposición, Gil Robles. Poco después, le mataron de un disparo en la nuca.

El forense, doctor Piga, de bata blanca, ante el cadáver de José Calvo Sotelo

El crimen decantó a muchos a favor de la rebelión contra el Frente Popular

Los implicados en el crimen no fueron castigados. En lugar de eso, el gobierno del Frente Popular detuvo en las horas siguientes a docenas de personas de derechas. Tras el crimen, Gil Robles denunció que los escoltas de Calvo Sotelo -miembros de un cuerpo armado del Estado- habían recibido órdenes de desampararle. El diputado Juan Ventosa Calvell, de la Lliga Regionalista Catalana, había denunciado antes del 13 de julio que contra Calvo Sotelo se preparaba un atentado y que se habían cursado “órdenes para que se deje impune”. Antes de este crimen, y en reacción al caos que reinaba en España, algunos militares ya estaban preparando un alzamiento.

Además de los mandos más bien conservadores o incluso afectos al carlismo o a la Falange, entre ellos también había militares tan afectos a la República como el general Gonzalo Queipo de Llano, que había sido Jefe del Cuarto Militar del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, e incluso masones como los generales Aranda, Muñoz Castellanos y Cabanellas; este último, por ser el general de más edad de los alzados, llegó a asumir la jefatura de la Junta de Defensa Nacional de Burgos. El asesinato de un dirigente de la oposición les proporcionaría un gran respaldo entre una parte considerable de la opinión pública, pues muchos españoles que hasta entonces tenían dudas, se dieron cuenta de que el país se dirigía hacia una dictadura socialista. En una sociedad española en pleno estado de ebullición debido a la violencia política y a la inacción del gobierno del Frente Popular, ese asesinato fue el tiro de gracia a una democracia ya moribunda, y el detonante de la Guerra Civil. Así lo entendió incluso el propio editor del diario “El Socialista”, Julián Zugazagoitia, al enterarse del asesinato por Luis Cuenca, autor del disparo que acabó con la vida de Calvo Sotelo: “Ese atentado es la guerra”.


Representación artística de los mártires hospitalarios de Calafell, que murieron asesinados por milicianos rojos en esta población de Tarragona el 30 de julio de 1936.
Con su odio, la izquierda empujó a muchos católicos a apoyar a los alzados

Al estallar la guerra, la izquierda desató una salvaje persecución contra los católicos, asesinando a 13 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas, (muchas de éstas, además, violadas), además de a miles de laicos. Esta persecución provocó una gran conmoción entre muchos católicos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ante esa reedición de la persecución cristianófoba bolchevique de 1917, muchos católicos de otros países ofrecieron su ayuda al bando nacional, incluso llegando voluntarios portugueses, franceses, irlandeses, ingleses, belgas, rusos blancos, rumanos y de otros países. La mayoría de los que combatían con el bando nacional no lo veían como una lucha entre la democracia y la dictadura, sino entre la civilización occidental cristiana y el comunismo. Pensemos que en aquellos momentos ya se habían iniciado las purgas estalinistas en la URSS, y Stalin ofreció su ayuda a la República durante la contienda.

El del Frente Popular no fue un gobierno ni legítimo ni democrático

Teniendo en cuenta estos hechos, es absurdo seguir afirmando que el 18 de julio de 1936 había un gobierno legítimo y democrático en España. El del Frente Popular no era un gobierno legítimo -pues llegó al poder gracias a un pucherazo masivo, hoy más que probado-, y no actuó como un gobierno democrático, sino como una banda de gángsters, concediendo total impunidad a la violencia izquierdista e incluso amparando el asesinato de uno de los líderes de la oposición. La situación de España antes del 18 de julio de 1936 se parece mucho a la situación de Venezuela con el régimen de Maduro, con un gobierno que viola los derechos civiles y se salta la legalidad para echar a la oposición del juego político, conduciendo a la sociedad a unas cotas de violencia propias de un país en guerra. En uno y otro caso ya no procede hablar de democracias, sino de dictadurasde facto. Es comprensible, por una cuestión de mera supervivencia, que en una situación así haya gente que ya no vea más salida que rebelarse. Lo que resulta hipócrita es que esa rebelión la critique la misma izquierda que ensalza el golpe de Asturias de 1934, o que clame contra la dictadura franquista la izquierda que ensalza a un dictador tan brutal como Lenin, que en solo seis años asesinó a diez veces más gente que el régimen de Franco en cuatro décadas.

La Guerra Civil no fue una lucha entre demócratas y antidemócratas

Por otra parte, es una mentira decir que la Guerra Civil fue una contienda entre demócratas y antidemócratas, o entre buenos y malos. En ambos bandos había personas que tenían la esperanza de que España volviese a una cierta normalidad democrática, pero tanto en el bando nacional como en el republicano la voz cantante la llevaban personas que no creían en la democracia. Demonizar a unos y santificar a otros es un insulto a todas las víctimas inocentes de ambos bandos. Lo indignante es que en un país democrático se prohiba honrar a las víctimas del bando republicano y a la vez se levanten monumentos y se dediquen calles a totalitarios de izquierda como Largo Caballero, Negrín, Companys, Carrillo o La Pasionaria, responsables de miles de asesinatos durante la Guerra Civil en la zona roja. Recordemos, como señaló Luis del Pino hace cuatro años, que ya sólo en una provincia, Madrid, y en un mes, noviembre de 1936, el bando republicano asesinó a más gente que la Inquisición española en más de 300 años. Lo mismo se puede decir de los más de 8.000 asesinados en Cataluña durante la rienda bajo la responsabilidad de Companys. Además, entre los asesinatos perpetrados bajo las órdenes de los señalados había incluso niños, como los 50 ejecutados por los comunistas en Paracuellos.

Mar 18·7·2017 · 6:59 4
ORIGEN DEL ARTICULO: http://www.outono.net/elentir/2017/07/18/el-18-de-julio-no-fue-un-golpe-a-la-democracia-ya-la-habian-matado-al-asesinar-a-calvo-sotelo/
ESTE ARTICULO Y SUS FOTOGRAFIAS TIENEN DERECHOS DE AUTOR Y SON SOLO A TITULO INFORMATIVO MAS TIENEN LA OBLIGACION DE CONSULTARLO COMENTARLO EN SU WEB ORIGINAL.
Los contenidos de los post publicados en La Historia Olvidada son de responsabilidad exclusiva de sus respectivos autores.
Share:

Suscripciones AQUÍ. .

Ingrese su E-mail y reciba los artículos en su bandeja de entrada.

El Cabasset D´antaño

Entradas populares

Sponsor

test

Google+ Badge

Google+ Followers

Entradas del blog

Definition List

Unordered List

BIENVENID@ AL BLOG, SI DESEAS ESTAR ACTUALIZADO EN TODAS LAS ENTRADAS, RECOMIENDO SUSCRIBIRSE AL FEED O SEGUIRME EN LAS REDES SOCIALES
NUESTRO AGRADECIMIENTO Y RECONOCIMIENTO A TODOS NUESTROS AMIGOS Y COLABORADORES QUE EN SUS ATICULOS Y COMENTARIOS SON CAPACES DE OFRECERNOS SIN ANIMO DE LUCRO LA ILUSIÓN POR EL Cabasset D´antaño... POR TODOS LOS QUE SEGUIMOS RECORDANDO: Alguna Historia Olvidada-